De ayudante del ayudante a maestro del oficio.
Domingo es originario de Lomas de Romero, una comunidad de Tecamachalco, Puebla. A los 26 años llegó a Monterrey buscando trabajo estable y una oportunidad para salir adelante. En su comunidad había pocas fuentes de empleo y el mármol era un oficio completamente desconocido para él.
Su primera oportunidad llegó por medio de un primo marmolero. Comenzó desde el puesto más básico, como él mismo lo recuerda: “de ayudante del ayudante”. Observaba, cargaba material, acercaba herramientas y aprendía directamente en el taller y en la obra.
Lo que lo atrapó no fue solamente la piedra, sino la transformación: ver cómo comenzaba un espacio y cómo cambiaba después de instalar la última pieza. Esa satisfacción convirtió una necesidad de trabajo en un oficio para toda la vida.
Con los años dominó la fabricación, instalación, pulido, brillado y sellado. En taller disfruta especialmente trabajar cuarzos y granitos; en obra, recuperar pisos mediante pulido y brillado. Su interés por la herrería también terminó complementando la fabricación de mesas y estructuras para piedra.
Su trayectoria incluye residencias y proyectos comerciales de gran escala: una casa en San Pedro con aproximadamente 1,200 m² de instalación interior y una extensa fachada de cantera; grandes barras y lavabos de mármol para un casino en Reynosa; y maniobras especiales para colocar placas completas donde parecía imposible hacerlas llegar.
Sin embargo, el trabajo que recuerda con mayor orgullo no es el más grande. Es una mesa que fabricó y donó para su comunidad en Lomas de Romero: una pieza creada con el oficio que aprendió lejos de casa y que pudo llevar de regreso al lugar donde comenzó su historia.


